ARTÍCULOS DE MANUEL SIURANA

En este blog se recogen diversos artículos que han sido publicados por Manuel Siurana.

Wednesday, August 28, 2013

FOTOGRAFÍAS DEL ACTO DE HOMENAJE Y DESPEDIDA DE LAS HIJAS DE LA CARIDAD EN VALDERROBRES, 24-VIII-2013

Misa concelebrada

Ramón Puyo cantando durante el ofertorio

Las Hermanas y la Corporación Municipal durante el canto de la Salve Regina

Manuel Siurana durante su intervención en el acto

Actuación del grupo de tambores y cornetas

Público asistente al acto cultural

Intervención de la consejera Sor Juana María Belzunequi

Actuación del grupo de flautas traveseras de la Escuela de Música

El alcalde, Carlos Boné, saludando a las Hermanas

Actuación de los joteros

Actuación de la antigua tuna infantil de Valderrobres

Sor Jerusalén pronunciando unas palabras de despedida

Los asistentes puestos en pie rindiendo una ovación a las Hermanas

Joaquín Gil, presidente de la Fundación, saludando a las Hermanas

Sor Palmira, Sor Jerusalén y Sor Dolores recibiendo el aplauso de los asistentes

Aperitivo en el castillo

Reportaje fotográfico de Amparo Rodríguez y José Manuel Siurana

DISCURSO DE MANUEL SIURANA ROGLÁN EN EL ACTO DE HOMENAJE Y DESPEDIDA DE LAS HERMANAS

Queridas Hermanas, señor alcalde y concejales, señor arzobispo, señor vicario, señor Director Provincial de las Hijas de la Caridad, curas que sois o habéis sido de Valderrobres, vecinos y amigos,
Antes de comenzar con mi intervención os quiero advertir que no será un mero trámite. Os pido por ello, que tengáis la bondad de escucharme, lo que no significa que debáis estar de acuerdo con todo lo que vaya a decir.

Hoy nos hemos congregado en nuestra sede parroquial para rendir un justo y sincero homenaje a la Comunidad de las Hijas de la Caridad y qué mejor lugar para hacerlo que en nuestro templo.
La actual Sociedad de Vida Apostólica de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl fue fundada en Francia en el año 1633 por dicho santo y por Santa Luisa de Marillac. Luego se extendió por todo el mundo con el objetivo primordial de socorrer a los pobres y desvalidos, ampliando su acción social al campo de la sanidad, la educación y la tercera edad.
En 1923 llegaron a nuestro pueblo gracias a la intervención del párroco mosén Enrique Gómez Álvarez y a Sor Carmen, su hermana que, junto con Sor Fuensanta López, levantaron la primera comunidad. Desde entonces, hace ahora 90 años, las Hermanas no sólo han sido unas vecinas más de Valderrobres, que también, sino que han sido el pilar sobre el que se ha asentado la vida parroquial de nuestra localidad y han contribuido de manera decisiva a la extensión de la educación y la cultura.
Su siempre discreta labor social, educativa y cultural ha sido incuestionable, en la línea de otras muchas entidades de la Iglesia Católica, que han creado un importantísimo Tercer Sector, capaz de suplir tanto a la iniciativa privada como a la administración pública. La encomiable labor que ahora hacen muchas ONGs ya la realizaba desde hace cuatro siglos esta Sociedad de Vida Apostólica que por ello ha obtenido infinidad de reconocimientos, como el Premio Príncipe de Asturias a la Concordia, concedido (y cito textualmente) por "su excepcional tarea social y humanitaria en apoyo de los desfavorecidos y por su promoción, en todo el mundo de los valores de la justicia, la paz y la solidaridad".
Su labor cultural y educativa ha sido inmensa. Como decía un vecino la semana pasada, “a más de la mitad de los valderrobrenses nos han limpiado los mocos”. Cientos o miles hemos aprendido a leer y escribir con las Hermanas (mis gracias personales a Sor María del Carmen), otros y otras han aprendido música, mecanografía o manualidades, se han preparado para estudios superiores o han sido acogidos en la guardería. Otros tantos han sido catequizados. Su casa ha estado abierta de manera desinteresada a cuantas asociaciones y entidades culturales lo han solicitado.
Su aportación al bienestar social también ha sido evidente. Siguiendo su carisma, en su casa acogieron enfermos, moribundos y difuntos sin vivienda; cuidaron y atendieron a los ancianos, visitaron y dieron consuelo a los afligidos y cobijaron a los desvalidos.
Como genuinas representantes del Tercer Sector suplieron las carencias del Estado y se fueron retirando cuando éste las hizo suyas. En Valderrobres ese repliegue concluye ahora. Las Hermanas se van, pero no nos dejan. Seguro que seguirán rezando por nosotros.

En 1943, hace ahora 70 años, Asunción Tomás Foz legó a las Hermanas algunas propiedades, entre ellas las viviendas de la calle La Paz, para que pudieran ejercer mejor su apostolado, constituyéndose con dichos bienes una fundación similar a los píos legados que habían sido creados en siglos precedentes por otras personas devotas.
Y en un nuevo guiño histórico, en 1963 (otro año acabado en 3), hace ahora 50 años, se inauguraron la capilla y el salón de actos.
En su despedida las Hermanas han querido realizar un acto más de desprendimiento y han decidido traspasar el legado de Asunción Tomás Foz, a la Fundación Valderrobres Patrimonial, mediante la fusión de ambas entidades.
Ello nos honra y nos llena de responsabilidad. Nos honra porque para nosotros  representa un reconocimiento a la labor que venimos realizando desde 2003, primero a través de REPAVALDE y luego de la propia Fundación. Pero nos llena de responsabilidad porque deberemos dar continuidad a una obra social y cívica de gran relieve, preservando la voluntad de la fundadora y de las transmitentes.
Cuando las Hermanas nos propusieron la fusión, nosotros mismos nos impusimos la condición de dar uso al legado patrimonial que recibiríamos. No queríamos ese legado para que se malbaratara por desuso ni para especular financieramente con él. Esa no hubiera sido la voluntad de la donante ni de las transmitentes. Por ello, antes de aceptar la fusión, quisimos tener un proyecto y eso es lo que os quiero anunciar. La capilla, como es normal, seguirá teniendo su función religiosa, igual que hasta ahora, con los criterios que determine la Iglesia. El salón de actos, con los lógicos ajustes organizativos, continuará estando disponible para las actividades religiosas, culturales, educativas y cívicas. En cuanto al colegio queremos que siga el mismo camino y por ello estamos manteniendo conversaciones con el Ayuntamiento para ubicar en él la nueva biblioteca municipal y la escuela de adultos. También queremos que, lo antes que podamos, el resto de plantas del edificio puedan destinarse para albergue, lo que, en conjunción con la musealización del hospital, permitirá la creación en Valderrobres de una futura aula de naturaleza y arte. Así mismo y en la medida de lo posible, facilitaremos que el solar donde se celebran las fiestas y las ferias pueda transformarse en un espacio cívico y cultural al servicio de la comunidad y que el panteón del cementerio pueda utilizarse para sepultar a los desfavorecidos.

Como acabo de indicar, la Fundación intentará dar continuidad a la labor social de las Hermanas. Pero la Fundación, aunque sí que estará dispuesta a colaborar con la parroquia en lo que ésta necesite, de ninguna manera podrá llegar a suplir el papel que las Hermanas han ejercido en ella, ni su gran trabajo en la catequización de los niños y jóvenes.
Las Hermanas se van y esa decisión que todos sabíamos que algún día llegaría, ya ha llegado. Soy el primero en lamentar su marcha, pero la entiendo y, con profundo dolor, la acepto. Esta nueva situación que se abre en nuestras vidas ha de servir para que llevemos a cabo una profunda reflexión sobre la situación que vive la Iglesia y nuestro papel en ella. Y no debemos apelar a lo fácil, que es culpar a la sociedad, al momento actual, a la jerarquía, a los curas, a las monjas o al vecino. La respuesta la tenemos que encontrar dentro de todos y cada uno de nosotros. ¿Por qué se tienen que marchar las Hermanas? ¿Por qué es tan grande la falta de vocaciones en nuestro país? ¿Por qué un número cada vez más creciente de creyentes se aleja de la Iglesia y otros de la práctica religiosa? Estas son sólo algunas de las preguntas que nos podríamos hacer.
En Valderrobres hemos tenido la enorme suerte de contar con las Hermanas, que han tutelado la vida parroquial y que han malacostumbrado a curas y fieles. Ahora ya no valdrá esa frase tan local de “Ja ho faran”. Se nos va a poner a prueba y tendremos que ser nosotros, todos nosotros, incluyendoo a los curas y a todos y cada uno de los feligreses, quienes, en la medida de lo posible, suplamos la labor de las Hermanas. La tarea no será fácil. Pero las mejores victorias son las que se consiguen en situaciones de máxima dificultad.

Hermanas, gracias por todo, por vuestra estancia entre nosotros, por vuestra fuerza espiritual, por vuestra humildad y servidumbre, por vuestro apoyo, por vuestro sacrificio y vuestro ejemplo y por la confianza que habéis depositado en nosotros.
Sor Dolores, Sor Palmira, Sor Jerusalén, Sor María del Carmen, los valderrobrenses os llevaremos siempre en el corazón. Sor Jerusalén, has sido uno de los cimientos de este templo y así perdurarás en nuestra memoria. Sor María del Carmen, tu huella permanecerá indeleble en mis ojos y en mi boca mientras viva. Gracias.

Valderrobres, a 24 de agosto de 2013

Friday, May 24, 2013

GONZALO M. BORRÁS GUALIS, por Manuel Siurana Roglán

Gonzalo Máximo Borrás Gualis nació en Valdealgorfa, en el año 1940. Su abuelo era de Fórnoles. Gonzalo se crió durante algún tiempo en Peñarroya y pasó breves temporadas vacacionales en Valderrobres, acompañando a su familia, ya que su padre estuvo destinado durante unos años como oficial de la Guardia Civil en nuestro pueblo.

Se doctoró en Historia del Arte. Temporalmente fue profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona, donde tuve la suerte de conocerle y de ser su alumno, pero muy pronto regresó a la Universidad de Zaragoza, donde ha ejercido la docencia hasta su reciente jubilación. Lo que no ha impedido que siga ejerciendo como profesor emérito en la “Universidad de la Experiencia”.

En todo ese tiempo compaginó las clases con las tareas de investigación, tanto individual como colectiva, formando parte de diversos equipos de trabajo y destacando en muchas áreas de investigación, especialmente en los campos del arte mudéjar y andalusí, de Goya y de la historiografía artística; impulsando y participando en múltiples encuentros científicos y escribiendo cientos de artículos y decenas de libros que sería muy prolijo enumerar.

Su activismo cultural, su reconocido prestigio y su capacidad de trabajo le llevaron a ser nombrado director del Instituto de Estudios Turolenses y posteriormente de la Institución Fernando el Católico de la Diputación de Zaragoza. También ha sido Director del Instituto de Estudios Islámicos y de Oriente Próximo, Director del Proyecto Museográfico del Espacio Goya del Gobierno de Aragón, Patrono de la Fundación Museo e Instituto Camón Aznar de Ibercaja y figura imprescindible para el desarrollo del Centro de Estudios Mudéjares de Teruel.

Su compromiso social y su aragonesismo le llevaron tangencialmente al mundo de la política, siendo miembro del antiguo Partido Socialista de Aragón y candidato al Congreso por la provincia de Teruel en las elecciones constituyentes de 1977. En 1979 fue candidato independiente en las listas del Partido Comunista de España al senado y al ayuntamiento de Zaragoza, donde fue nombrado teniente de alcalde. Años más tarde, junto a otros amigos como José Antonio Labordeta, ingresó en la Chunta Aragonesista y volvió a presentarse a las elecciones municipales de Zaragoza.

Como profesor ha dejado una huella imborrable en todos sus alumnos, tanto por su bonhomía como por su capacidad didáctica. La mayor parte de los actuales historiadores aragoneses del arte hemos pasado por su aula.

Sus libros y artículos son de consulta obligada para los investigadores, tanto por su destacada aportación teórica y metodológica, como por las referencias bibliográficas que aportan.

Como político se caracterizó por algo tan difícil en ese microcosmos como son la honestidad y la coherencia.

Su prestigio cultural es inmenso y muy pocos aragoneses pueden presentar un currículum como el suyo. En 2002 fue elegido para acompañar a sus Majestades los Reyes en su visita a nuestra comarca.

Saturday, May 11, 2013

VALDERROBRES, UNO DE LOS PUEBLOS MÁS BONITOS DE ESPAÑA, Por Manuel Siurana Roglán

El titular del periódico LA COMARCA acaba de anunciar que “Valderrobres ya es uno de los pueblos más bonitos de España”. Se trata del reconocimiento oficial de una realidad evidente y creo que objetiva. Aunque tal vez no sea yo el más indicado para hablar de objetividad en este caso, si tenemos en cuenta que no hace muchas semanas en una encuesta me preguntaron que a dónde querría ir de viaje, a lo que respondí que a Egipto para ver los restos de su gran cultural faraónica, a Grecia para contemplar la cuna de nuestra civilización y a Valderrobres, porque es donde mejor me siento.

Creo que afirmar que determinado sitio es el lugar donde mejor te sientes es lo más positivo que podemos llegar a decir de un pueblo y eso es lo que sentimos una gran mayoría de aquellos que por determinadas circunstancias tuvimos que abandonar nuestro lugar de origen. Pero… ¿qué tiene Valderrobres que no tengan otros sitios?, ¿qué podemos encontrar en Valderrobres que no podamos encontrar en otros lugares? Partiendo de la idea de que cada lugar es singular por sí mismo y que, si queremos mirar la botella medio llena, en todos los rincones del mundo hay enclaves maravillosos, ¿qué hay de maravilloso o excepcional en Valderrobres? Y es en este punto donde la respuesta de nuevo puede llegar a ser muy compleja, aunque intentaré explicar lo que siento (con subjetividad) y pienso (con objetividad).

Ya he afirmado en otras muchas ocasiones que Valderrobres es una zona de transición y mestizaje, un pueblo entre decenas de mundos, con la riqueza que ello representa. Su climatología está a caballo entre lo mediterráneo y lo continental. El pueblo está elevado, pero no tanto. Su huerta es o ha sido fructífera, en sus campos pueden contemplarse todos los productos del paisaje mediterráneo continental: los almendros, el cereal, la vid y la olivera. ¡Qué agradable que resulta recorrer esos campos, beber esos vinos y degustar sus aceites! Los valles de la partida de los Santos se alternan con las zonas abruptas de San Miguel. Los pinos y encinas completan un nutrido paisaje boscoso, que es un don de Dios. Nuestros ríos, porque tenemos ni más ni menos que tres (Matarraña, Pena y Tastavins), llevan aguas cristalinas y son de los más ecológicos del sistema mediterráneo, proporcionando atractivos añadidos, como el Salt (que es tanto de Valderrobres como de La Portellada), el pantano o un poquito más lejos (con el permiso de nuestros casi hermanos de Beceite) el Parrizal.

Pero, a través de la intervención humana que generación tras generación ha dejado su impronta, los paisajes naturales se transforman en paisajes culturales por medio de la construcción de caminos y veredas, poblados y masías, puentes y carreteras, casas y monumentos singulares. Difícilmente entenderíamos el valor patrimonial de Valderrobres sin contar con esas aportaciones que nuestros antepasados nos han legado. Valderrobres reúne el más importante conjunto arquitectónico formado por una iglesia y un castillo de todo Aragón, realizado en estilo gótico mediterráneo, más oriental que occidental. Gótico que se complementa con uno de los más impresionantes puentes de piedra (¡menudos tajamares!) y con los restos de la antigua muralla aún visibles en varios portales, torreones y muros de las casas. Por si eso fuera poco, también contamos con uno de los más destacados monumentos civiles del renacimiento aragonés, más occidental que oriental, el ayuntamiento (desigualmente reproducido en el Pueblo Español de Barcelona). Tenemos también un trazado urbano sin igual, lleno de cuestas y callejuelas empedradas, denostadas por los lugareños, pero alabadas por quienes nos visitan, que en su recorrido se sienten transportados en el tiempo. En todas ellas existen detalles de gran belleza.

A pesar de todo, el principal valor de Valderrobres son los valderrobrenses de ahora y de siempre, sus gentes humildes y trabajadoras, a la vez que alegres y festivas, acogedoras y cosmopolitas, pero sobre todo gentes de cultura mestiza y por ello de talante abierto, que no debaten por cómo hablan, sino que hablan para debatir.

Manuel Siurana Roglán, 11-04-2013

Saturday, April 27, 2013

LA CLIMATOLOGÍA DE VALDERROBRES EN 2012. POR MANUEL SIURANA ROGLÁN


2012 iba camino de ser uno de los años más secos de la historia de Valderrobres, pero la normalización de las precipitaciones otoñales ha paliado parte de lo perdido. A pesar de ello, sólo se han registrado 345,1 mm, cifra que queda muy lejos de la media histórica (que se acerca a los 600 mm año) o de la media de los últimos cincuenta años (alrededor de 560 mm año). Lo más llamativo fue la escasez de lluvias primaverales. Como suele ser habitual el mes de febrero ha sido el más seco y octubre el más lluvioso. Por fortuna no ha habido que lamentar inundaciones ni aguaceros ni pedrisco dañino. La presencia de la nieve fue solo testimonial.

 
El año también ha registrado unas temperaturas atípicas, resaltando sobre todo el intensísimo frío del mes de febrero, con temperaturas medias mínimas cercanas a los -3 grados (muy por debajo de la media histórica situada en +1,5 grados). Los días más fríos del año fueron el veintidós y el veintitrés de febrero. En este último se registró la mínima más baja de todo el año (-8,3 grados). La máxima más baja fueron los +1,4 grados del dos de febrero, día en que la temperatura se mantuvo casi estable entre +1,4 y -1,4. La última helada de la primavera se produjo el día siete de abril, en que la temperatura bajó hasta -1 y la primera del otoño tuvo lugar el día veintinueve de octubre, cuando el termómetro llegó a los -2,5 grados.

También es de destacar la fuerte ola de calor impropia del mes de junio, sobre todo entre los días veinticinco y veintinueve con temperaturas máximas entre 36 y 39 grados. Fue muy llamativo lo sucedido durante el mes de agosto, en que se dispararon tanto las mínimas como las máximas, con dos fuertes olas de calor, la primera puntual e intensa entre los días nueve y once y la segunda más larga, entre los días diecisiete y veintitrés. En todos los casos las máximas superaron los 36 grados. La máxima más alta se registró el día diez de agosto, en que se alcanzaron los 40 grados y la mínima más alta se produjo el diecinueve del mismo mes, en que el termómetro no bajó de los 19,2 grados.

Wednesday, April 17, 2013

BREVE APORTACIÓN A LA HISTORIA EDUCATIVA DE VALDERROBRES. Por Manuel Siurana Roglán

En 2012, casi sin darnos cuenta, se ha cumplido el cincuentenario de la finalización del primer año académico en el Grupo Escolar de Educación Infantil y Primaria de Valderrobres. Esa efeméride me da la excusa para trazar una brevísima aproximación a la historia educativa de nuestro pueblo, desde el siglo XV hasta el año 1962. Lo que aquí veréis escrito no pretende ser, ni mucho menos, un estudio definitivo, sino un simple bosquejo que deberá completarse y revisarse en futuras investigaciones.

Hoy parece fuera de toda duda que la educación es un pilar básico del sistema democrático liberal/social, en tanto que facilita, aunque no garantiza, la igualdad de oportunidades. Por tal motivo los poderes públicos están llamados a ser sus principales garantes. Pero esta corriente de opinión es relativamente reciente y conviene que tracemos un corto recorrido histórico centrado en nuestro pueblo para ver su evolución.

La educación en Valderrobres hasta el siglo XIX
Hasta el siglo XIX la educación no era cuestión de Estado y por lo tanto, si la había y sobrevivía, era gracias al voluntarismo de una o varias personas que en un momento determinado habían considerado que su ejercicio era un bien necesario. Ese voluntarismo era tanto más difícil cuanta más pequeña fuera una localidad y por lo tanto solía correr a cargo de las pocas personas que contaban con cierto nivel cultural (curas en especial, médicos, notarios y poco más), que en ocasiones enseñaban privadamente a algunos niños y muchachos que pretendían encaminarse hacia ese mismo oficio.

A veces algunos benefactores quisieron extender la educación elemental a capas más amplias de la sociedad y fundaron beneficios eclesiásticos, que, además de su función religiosa, debían asumir tareas educativas. Y eso es lo que por fortuna ocurrió en Valderrobres, donde mosén Bernardo Brifat creó el beneficio que llevaba su nombre y cuyo poseedor tenía la obligación de celebrar algunas misas en la iglesia, tocar el órgano en las misas y enseñar las primeras letras a los niños pequeños.

Un beneficio eclesiástico se creaba cuando una o varias personas vivas decidían constituirlo, para lo cual se solicitaban los permisos necesarios a la diócesis. Una vez autorizado, debía dotarse con bienes y registrarse ante notario, especificando todas sus peculiaridades y condicionalidades perpetuas. La dotación de bienes era imprescindible porque es la que permitiría que el beneficiado que lo poseyera pudiera sobrevivir y cumplir con las obligaciones establecidas en el momento de su constitución. En cierto modo la disposición de un beneficio era algo así como una herencia que se transmitía entre sus poseedores generación tras generación, pero el disfrute de esa herencia traía aparejadas una serie de obligaciones, que enseguida veremos. Antes aclaremos que la persona que era nombrado beneficiado asumía un privilegio, en tanto que tenía la manutención prácticamente asegurada de por vida (aunque había beneficios que no tenían suficiente dotación). Por ese motivo, los fundadores solían poner determinadas condiciones para quienes quisieran acceder al cargo, la principal solía ser que los poseedores fueran descendientes de sus parientes, como es el caso del beneficio que nos ocupa.

Se desconoce el año de fundación del Beneficio de mosén Bernardo Brifat, pero sabemos que ya existía al menos desde el año 1435, en que su poseedor era Bernardo Bergua. Inicialmente estaba dotado con varias tierras: un campo de viña de ocho jornales en las Valls, un  campo de seis jornales de viña y olivos en la partida de la Canaleta, otro campo en la partida de las Valls situado junto al termino de Cretas, una huerta de medio jornal en la Plana, otra huerta de medio jornal en la Plana (en la partida de les Sorts), un huerto en la Acequiola de dos horas de labrar situado antes del puente y otro de medio jornal en la Acequiola situado junto al camino de Ráfales. A estas propiedades, en el año 1684, se añadieron otras que fueron donadas por los esposos Domingo Celma e Isabel Celma: una casa situada en la calle del Portal Barrinol (que servía como vivienda del beneficiado), una finca situada en el camino de Arnes, plantada de cepas, olivos y frutales y otra situada en las Valls. Sumando a mediados del siglo XIX unas rentas anuales de 769 reales y 20 maravedíes.

Todas las propiedades aquí enumeradas quedaban vinculadas al beneficio y las rentas que reportaban servían para pagar la manutención del beneficiado, que era nombrado por un patronato que lo presidía el Ayuntamiento y que a la hora de escoger a sus poseedores, desparecidos los miembros de la familia del fundador, anteponía a los naturales de Valderrobres, si bien, a falta de estos, podía elegir a quienes considerase “útiles y convenientes”. Ese beneficiado, como hemos indicado, ejercía las funciones de sacerdote, organista y maestro, pero podía no ser ni sacerdote ni organista ni maestro, aunque se prefería que sí lo fuera. En algunos momentos, cuando no había candidatos adecuados, el patronato nombraba provisionalmente a alguien para ejercer sus funciones. Cuando existía poseedor, si no era sacerdote, debía encargarse de que algún clérigo realizase las misas que le correspondían y si era sacerdote, pero no sabía o no podía ejercer como organista o maestro, debía contratar a alguien para que lo hiciera. En algunas ocasiones el poseedor del beneficio comenzaba como tonsurado y de allí iba ascendiendo a subdiácono, diácono y presbítero y a veces se podía ayudar de algún seglar para impartir la educación.

Esa educación era muy elemental: leer, escribir, contar, doctrina cristiana, música, canto y poco más y estaba limitada a los niños. Las niñas no accedían a ningún tipo de educación, a lo sumo la que pudieran recibir las hijas de familias ricas en el propio hogar o gracias a otras mujeres, que sobre todo les enseñaban las labores propias de su sexo.

Las personas que oficialmente ostentaron el beneficio de Bernardo Brifat, y por lo tanto ejercieron como maestros en nuestro pueblo, fueron Juan Bautista Pastor Rodrigo (entre 1600 y 1622), Lucas Ferrer (entre 1628 y 1643), Pedro Real que era natural de Ráfales (entre 1655 y 1691), Miguel Juan Malet Valentí (entre 1695 y 1700), Francisco Crespo Celma (entre 1713 y 1724), Miguel Rebull Valentí (entre 1731 y 1778), Joaquín Arrufat Icart (entre 1790 y 1823) y Ramón Valentí Meseguer (entre 1824 y 1850), aunque muchos de ellos se ayudaron de otros maestros seglares, que en muchos casos permanecieron muy poco tiempo entre nosotros, salvo Juan Colás de Vea (1580-92), Bartolomé Marroquín (1598-1605), Miguel Rebull (1689-1730), Valero Aguilar (1739-1771) y Francisco Gargallo (1779-1788); destacando el caso de Miguel Rebull, que era natural de Horta y actuó como maestro de niños y organista hasta que le sustituyó su hijo Miguel Rebull Valentí, eclesiástico que era maestro, pero no tañedor de órgano, que contó con la ayuda del organista José Micolau (1746-1774).

Los cambios educativos del siglo XIX
En la segunda mitad del siglo XVIII, con el progreso de la ideología ilustrada, se tomó conciencia de la necesidad de la educación, pero ésta no se concretó hasta el Informe Quintana de 1813, que establecía la instrucción universal, uniforme, pública, gratuita (a cargo de los ayuntamientos) y libre para los niños de este país, lo que se fue materializando en las décadas siguientes.

La progresiva irrupción del liberalismo facilitó y a la vez dificultó la extensión de la educación. La facilitó en tanto que la reguló y la dificultó en tanto que la dejó sin medios de financiación. En el caso de pueblos como Valderrobres, mientras siguió existiendo el beneficio de Brifat no hubo problemas de financiación, pero la desamortización de los bienes eclesiásticos y comunales del año 1855 fue letal, ya que las propiedades del beneficio fueron expropiadas por el Estado y luego subastadas (a título de ejemplo el huerto de medio jornal situado en la Acequiola junto al camino de Ráfales fue vendido por 3.040 reales). Quedando el beneficio sin medios económicos para sostener al maestro y lo que es peor, quedando el Ayuntamiento sin los recursos propios para hacerse cargo de dicha función.

Poco después, en el año 1857, nacieron la Ley de Bases y la Ley de Instrucción Pública o Ley Moyano, que con diversas reformas se mantuvo vigente hasta la Ley General de Educación de 1970. La Ley Moyano establecía la enseñanza obligatoria pero segregada para los niños y niñas de 6 a 9 años, a quienes se enseñaba lectura, escritura, gramática, ortografía, aritmética, geometría, dibujo y rudimentos de historia, geografía y ciencias; aunque para las niñas se sustituían estas últimas materias por las labores y la higiene doméstica.

El salario del maestro y de la maestra se fijaba por ley. Ellos inicialmente en Valderrobres, por el tamaño de la localidad, cobraban 3.300 reales anuales y ellas 2.200. Además su salario, que era muy bajo (se solía decir que se “pasaba más hambre que un maestro”) se completaba con una pequeña aportación de aquellas familias que podían hacerlo. Los encargados de pagar eran los ayuntamientos, pero era muy habitual que cada vez se retrasasen más en el abono de los salarios, hasta llegar a demoras de más de seis meses. Afortunadamente en el año 1901, el conde de Romanones estableció que el salario de los maestro correría a cargo del Estado, en tanto que los ayuntamientos seguirían proveyendo su vivienda y la escuela.

En nuestro pueblo, el Ayuntamiento dispuso que las escuelas se situaran en el Palau y en el Hospital, edificios que hasta su desamortización habían sido propiedad de la Iglesia. Más tarde también se habilitó el edificio, ahora tienda de electrodomésticos, situado junto al puente de hierro.

El primer maestro seglar titular de Valderrobres fue Francisco Martín Rodrigo, que ya había comenzado a ejercer desde el año 1847 y que se jubiló en el año 1896. Ejercía como maestro y como organista, tarea por la que cobraba aparte. La primera maestra que hubo en Valderrobres fue Inés Carbó, que era natural de Iglesuela del Cid y que ejerció desde 1857 hasta su defunción en 1881, luego le sustituyeron María Manuela Altés y Evarista Cros. Hacia 1870, debido al constante aumento de la población, se proveyó una segunda plaza de maestro que fue ocupada primero por Francisco Polo y luego por Benón Juste.

A partir de 1880 ya se establecieron dos maestros y dos maestras. Y en el año 1885 en Valderrobres se contabilizaban un total de 80 alumnos y 70 alumnas. Entre los maestros los que más años ejercieron en Valderrobres fueron Florencio Guallart (al menos entre 1903 y 1925), Teodoro Rubio (entre 1910 y 1917) y Vicente Ferrer (entre 1922 y la Guerra Civil). Entre las maestras, Soledad Hernández ejerció entre 1902 y 1908, pero las que más años estuvieron entre nosotros fueron Cándida Antolín (entre 1912 y 1957) y Plácida Antolín (entre 1919 y 1959).

La Ley Moyano regulaba la posibilidad de que se pudieran crear establecimientos educativos privados y así se hizo en nuestro pueblo cuando en el año 1923 las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl, con Sor Carmen Gómez al frente, abrieron el Colegio de María Inmaculada, que se ubicó en la esquina de la calles Huesca y Santa Águeda (el parvulario estaba en la placeta), para, después de la Guerra Civil, pasar al edificio donado por Asunción Tomás Foz, situado en la calle de La Paz. En ambos lugares se impartió el parvulario mixto y la educación elemental e incluso la secundaria libre y otras enseñanzas para las chicas y chicos.

La educación tras la Guerra Civil

Tras la Guerra Civil, además de doña Cándida y doña Plácida, entre otros, ejercieron como maestros Antonio Gil, Gerardo Oscáriz y Juan Antonio Rodríguez.

Los últimos años de la década de los cincuenta fueron especialmente importantes, puesto que el franquismo, por pura supervivencia, inició una ligera apertura que tuvo importantes efectos económicos y sociales con el Plan de Estabilización que facilitó el ulterior desarrollo económico, que a su vez propició la transformación de diversos sectores económicos y sociales. Un ejemplo de ello sería la construcción de los grupos escolares rurales, entre ellos el de Valderrobres, cuyas obras fueron adjudicadas a una empresa foránea que las dejó inacabadas, teniendo que ser reemprendidas por los albañiles Rives y Ferrás.

El primer curso académico que se impartió en las nuevas escuelas fue el del año 1961-62 y los maestros eran Santiago Gómez, Joaquín Costa y Pedro Foz y las maestras Antonia Espada, Carmen Fortea y Concepción Clúa.

Dicho centro inicialmente contaba con seis aulas, ya que las casas de los maestros y maestras se completaron un poco después. Tal como relataban los contemporáneos, el nuevo grupo escolar era infinitamente mejor que las anteriores escuelas, ya que el sol y el aire penetraban por unas ventanas adecuadamente orientadas, a la vez que las aulas fueron dotadas de libros y nuevos materiales. Así mismo la apertura del grupo escolar facilitó la canalización de la acequia, la construcción de la Avenida de Madrid en lo que era el antiguo camino de la Acequiola y la construcción de unos jardines, de los que aún disfrutamos. Además la extensión de la educación a los niños que vivían en las masías obligó a crear un comedor escolar que se situó en las antiguas escuelas.

La información aquí contenida ha sido elaborada a partir de datos extraídos del Archivo General de la Administración, del Archivo Histórico Nacional, del Archivo Provincial de Teruel, del Archivo Parroquial de Valderrobres, de diversos anuarios estadísticos, de los programas de fiestas, del Informe Quintana y de la Ley Moyano.

Manuel Siurana Roglán, enero de 2013

Thursday, March 14, 2013

UN CATECISMO PLÁSTICO. EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN. PARTE y 14, ESTUDIO ICONOLÓGICO DEL CAMARÍN DE LA VIRGEN.

Ornamentación en torno a la imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón

Baldaquina con la Virgen

Presidiendo el camarín se encuentra la imagen devocional de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, titular del santuario, colocada en un baldaquino y sobre un altar, dispuesta para que sea vista desde el interior de la iglesia y para que sea venerada directamente accediendo hasta ella a través de las escaleras que comunican el templo con el camarín. Tanto el altar como el baldaquino son clasicistas y sobrios, su ornamentación se limita a las propias líneas y elementos constructivos y a poquísimos elementos ornamentales con fuerte contenido simbólico, como son el anagrama de la Virgen formado por las iniciales de Ave y María (que se repiten en otras muchas partes del templo), la paloma en representación simbólica del Espíritu Santo (que preside el tímpano del baldaquino) y la bonita decoración pintada que recubre la cúpula del baldaquino, donde se muestran cuatro ángeles arrodillados lanzando incienso a María.
Decoración de la cúpula del baldaquino


La imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús que aquí vemos fue realizada en el año 1943 por el escultor de origen valenciano Vicente Navarro Romero[1], en sustitución de una anterior destruida en 1936[2]. Su coste fue de 25.000 pesetas, pero la pagó el Marqués de Robert[3]. Las coronas las diseñó el escultor Navarro y fueron realizadas por el orfebre G. Junyent con diversas joyas y objetos de oro y plata donados por devotos y devotas de la Virgen[4].
Nuestra Señora del Sagrado Corazón

El modelo se ajusta a uno de los tipos más utilizados por los Misioneros del Sagrado Corazón de Jesús. La Virgen aparece, cubierta con un manto[5] desde la cabeza a los pies, que pisan la cabeza de una serpiente. Con su brazo izquierdo sostiene al Niño Jesús, mientras que la mano derecha sustenta el Sagrado Corazón del Niño, quien a su vez con una mano nos lo señala y con la otra nos muestra a su Madre. El Niño, que se viste con una túnica tiene una corona real sobre la cabeza, al igual que María, pero en este caso tras la corona de reina surge radiante una nueva corona con doce estrellas.

Iconológicamente hablando en esta imagen destacan tres aspectos básicos: la relación gestual que se establece entre la Madre y el Hijo, la figura de la serpiente y la corona de estrellas. La relación materno filial plasma uno de los elementos claves de la devoción a Nuestra Señora: María tiene en sus manos el Sagrado Corazón de su Hijo, porque es su Madre y, por ello, es quien más cerca está y más favores puede obtener de Él; a la vez que el Hijo, con sus gestos, nos invita a acercarnos a su Sagrado Corazón a través de su Madre, lo que es una de las doctrinas clave de mosén Julio Chevalier.
Corona de la Virgen

En la iconografía que hemos visto por todo el santuario y en los escritos de una buena parte de los santos que decoran el ábside subyace machaconamente el mensaje de la Inmaculada Concepción de la Virgen, de cuyo tema ya hemos hablado en otros apartados. Aquí se alude a él a través de la figura de la serpiente, como referencia simbólica que rememora las palabras de Dios en el Paraíso (Gn 3, 15), anunciando que una mujer le pisaría la cabeza, de modo que, si el pecado llegó a través de la serpiente que tentó a Eva, la nueva Eva (María) es quien vencerá al pecado (pisando la cabeza a la serpiente). El mismo sentido[6] tiene la representación de la corona[7] de estrellas en la cabeza, cuya base iconográfica está en el Apocalipsis (Ap 12, 1), donde se describe a la Mujer y al dragón que la acechó y contra el que luchó el arcángel San Miguel.

Además la imagen de la Virgen coronada, que es visible desde el interior del templo y que completa la ornamentación del ábside, incide en la cuarta gran idea que subyace en las letanías marianas y en el contexto general de la iconografía del ábside, ya que María es MADRE, VIRGEN, INMACULADA y REINA.

Textos y fotografías: Manuel Siurana Roglán

NOTAS:
[1] Vicente Navarro Romero (1888-1979) nació en Valencia, fue autodidacta, pasó por Italia y se instaló en Barcelona, donde fue profesor de la Llotja, catedrático de la Escuela Superior de Bellas Artes de San Jorge y académico de las de San Carlos, San Jorge y San Fernando. Trabajó tanto el mármol como la madera y el bronce, realizando muchas obras y exposiciones. Su composición titulada Maternidad puede verse en la Plaza de Cataluña de Barcelona.


[2] La había realizado el escultor barcelonés Don José Rius (autor entre otras obras del grupo del Ecce Homo y de las Tres Marías del paso del Jesús Nazareno de Tarragona). Esta imagen sobrevivió al incendio del 27 de julio de 1909 provocado dentro de los sucesos de la Semana Trágica de Barcelona y fue guardada por la familia Queraltó (tal como reza una inscripción en su altar), en una tienda de ataúdes (dentro de una caja de muertos [SALVADOR, E., op. cit.].


[3] Se trataba de Roberto Robert Carles (1892-1968), propietario del famoso Palau Robert, situado al final del Paseo de Gracia en su confluencia con la calle Córcega. El marqués, que tenía intención de vender el palacio para construir en él un hotel de nueva planta, quiso donar sus columnas para el Santuario, pero era demasiado tarde, porque ya habían sido adquiridas las definitivas.


[4] La coronación canónica de la Virgen la realizó el arzobispo de Barcelona, monseñor Gregorio Modrego, en nombre del Papa durante el acto inaugural del templo del día 5 de diciembre de 1943, con el apadrinamiento de los marqueses de Robert.


[5] El ropaje inicialmente proyectado para la estatua fue rechazado por el Padre General de los MSC por “ser excesivamente distinto al modelo oficial” [SALVADOR, E., op cit.], lo que obligó a su modificación.


[6] Ya en el siglo XVII el famoso pintor y teórico del arte Francisco Pacheco, en su “Arte de la pintura” al codificar los elementos que debían acompañar a la imagen de la Inmaculada, citaba la corona de doce estrellas en la cabeza.


[7] Santa Brígida en el capítulo 31 de sus Visiones explica como San Juan Bautista le dijo “la corona representa que ella es Reina, Señora y Madre del Rey de los ángeles

Saturday, March 02, 2013

UN CATECISMO PLÁSTICO. EL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN. PARTE 13, ESTUDIO ICONOLÓGICO DEL CAMARÍN DE LA VIRGEN.


4. ESTUDIO ICONOLÓGICO DEL CAMARÍN DE LA VIRGEN. Las pinturas

Desde las naves laterales del templo, subiendo una escalinata, se puede acceder al camarín de la Virgen y a dos pequeñas capillas situadas junto a él y sobre la sacristía de la iglesia. El suelo y las paredes de las escalinatas y del camarín están repletos de inscripciones devotas de quienes costearon su construcción, que se realizó con posterioridad a 1943. Las capillas, dedicadas a Cristo y a la Virgen, aún se concluyeron más tarde (la última en 1997).

Las vidrieras
Al final de las escalinatas y frente al acceso a las capillas laterales del camarín se abrieron otras tantas ventanas, que fueron decoradas con vidrieras de colores que representan imágenes personificadas de los cuatro evangelistas, que en todos los casos, en un enmarcamiento arquitectónico y sobre un fondo azul, visten con túnica talar, manto y sandalias, portan un libro (por ser autores evangélicos) y su cabeza está envuelta con un nimbo en el que figura su nombre escrito en latín.

Al igual que con el resto del camarín, para su construcción se recurrió a la ayuda de los fieles devotos, quedando constancia de ello en las inscripciones de la parte inferior. De ese modo la ventana situada al final de la escalera del lado derecho muestra la imagen de San Mateo, sufragada por la Asociación de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Valencia. Frente a la capilla de Cristo se muestra la vidriera del apóstol San Marcos, sufragada por una devota que responde a las siglas M.D.T., que de ese modo quería agradecer los favores de Nuestra Señora. Frente a la capilla de la Virgen[1] se sitúa la vidriera con la imagen de San Juan, donada por la señora Pérez Rosales, en memoria de sus hijos Antonio y Miguel Espinós. Finalmente frente a la escalera del lado izquierdo se abre la cuarta ventana con la imagen de San Lucas, fruto de la donación de J.P. y M.G. en agradecimiento por la protección de Nuestra Señora.

Las pinturas del camarín
El camarín[2] ocupa el espacio central situado sobre la sacristía. Es una zona rectangular con un rehundimiento en su parte central, que sirve para habilitar un espacio para los fieles, que pueden ver la parte trasera de la imagen de Nuestra Señora del Sagrado Corazón de Jesús, que está situada sobre un altar y cuya parte frontal es visible desde el interior del templo, donde preside el ábside. Toda la zona tiene un recio sabor clasicista dórico, con muros que, por su quebramiento, recuerdan los interiores alabeados barrocos y en los que la parte superior está decorada por un entablamento en cuyo friso figura la inscripción: NUESTRA SEÑORA DEL SAGRADO CORAZÓN ROGAD POR NOSOTROS.

Las pinturas realizadas al fresco se distribuyen en todos los muros lisos que rodean el camarín, sumando un total de 10 espacios de tamaño desigual, pero en todos los casos bastante alargados. El autor de todas ellas fue Francisco Labarta, pero, según se desprende de una inscripción, las realizó en 1960, bastantes años después de haber acabado las pinturas del ábside y del Viacrucis.
Escudo del Sagrado Corazón

Dado el protagonismo que en esta zona tiene la Virgen María, para su decoración se optó por los temas marianos con la idea de remarcar la Inmaculada Concepción y la Maternidad Divina de María, utilizando para ello secuencias relacionadas con la vida de la Virgen y el ciclo de la Natividad del Señor. Quedando todo ello presidido en la zona central por una pintura de menor tamaño que muestra el escudo coronado de Nuestra Señora del Sagrado Corazón (un corazón con una corona de espinas del que salen llamas delimitado por las letras N y S) sostenido por dos ángeles arrodillados.
María y José

A ambos lados del tema anterior se distribuyen sendas pinturas con las imágenes devocionales de la Virgen María y San José y de San Joaquín y Santa Ana rodeadas de angelotes y pájaros, mientras algunos ángeles les contemplan desde el cielo[3]. María va con túnica blanca y manto azul, remarcando su condición de Inmaculada, a José se le representa relativamente joven y con un bastón patriarcal y Joaquín y Ana muestran rasgos físicos de mayor edad.

Partiendo de las pinturas descritas y siguiendo el sentido de las agujas del reloj se continua la representación de las diversas escenas, las primeras de las cuales se refieren directamente al ciclo mariano: el Nacimiento de la Virgen, la Presentación de la Virgen y los Desposorios de la Virgen, para enlazar luego con temas del ciclo de la Natividad del Señor, pero en los que el protagonismo de María es básico: la Anunciación, la Visitación, el Nacimiento de Jesús, el Anuncio a los pastores y la Adoración de los Magos.

Los datos que aportan los evangelios canónicos sobre María son fundamentales para entender su figura histórica y su papel en el cristianismo y, aunque no son demasiados, sirven para confirmar su presencia, en este caso ineludible, en el ciclo de la Natividad y luego de modo puntual en algunas secuencias muy importantes de la vida pública de Jesús (como en las Bodas de Caná), en su Pasión y Muerte e incluso después de la Resurrección, en Pentecostés, con los matices que hemos indicado en el correspondiente apartado. Los artistas han cubierto las lagunas canónicas recurriendo habitualmente a la Leyenda Dorada (escrita en el siglo XIII), que a su vez se inspiró en las ideas presentes en los evangelios apócrifos (especialmente en el Protoevangelio de Santiago, el Pseudo Mateo y el Libro de la Natividad).
San Joaquín y Santa Ana

En el camarín no queda claro si la imagen de San Joaquín y Santa Ana es una simple imagen de devoción, igual que la de José y María, o bien representa el episodio de la milagrosa Concepción de María[4], que es considerada la primera escena del ciclo mariano. Siguiendo los apócrifos, Joaquín y Ana estuvieron más de veinte años sin tener hijos, hasta que un ángel se les apareció por separado y les anunció que Ana concebiría y que la niña sería la madre de Jesús. Posteriormente ambos se encontraron ante la Puerta Dorada de Jerusalén, donde se abrazaron alegremente y, a partir de aquel momento, Ana quedó embarazada sin concupiscencia[5], produciéndose en ese instante (según defendieron  los franciscanos) el primer acto redentor de Dios, lo que llevó a que la puerta dorada se comparara con la puerta cerrada (Ez 44, 1-2) que era símbolo de la virginidad de María.
Nacimiento de la Virgen

El siguiente episodio historiado es el Nacimiento de la Virgen, que aquí está representado en una escena de interior, donde, con Santa Ana al fondo recostada en el lecho, varias mujeres acaban de lavar y atender a la recién nacida María (que en este caso parece tener varios meses), con múltiples angelitos que sobrevuelan por toda la obra.
Presentación de la Virgen en el templo

Sigue luego el episodio de la Presentación de María en el Templo, sustituida o complementada en muchas ocasiones por el tema de la Educación de la Virgen, también inspirado en la Leyenda Dorada: la Virgen, cumplidos los tres años, fue llevada al templo con ofrendas, quedando allí para ser educada y consagrada al Señor. Lo que aquí no queda claro es si el pintor pretende representar esta escena o remitirse a la secuencia de la Presentación y Purificación respectivamente de María y Ana en el templo, escena no recogida en la Leyenda Dorada, pero perfectamente conocida para los cristianos a través del relato que realiza San Lucas (Lc 2, 22-24) de la Presentación de Jesús en el templo, lo que justificaría que Santa Ana porte dos tórtolas en las manos[6].
Desposorios de la Virgen

En la siguiente pintura se muestra el tema de los Desposorios de la Virgen María. Se ve a María y a José en primer plano con la mano cogida en el momento de contraer matrimonio en presencia del sacerdote y de dos acompañantes, una joven virgen amiga de María y un pretendiente fracasado. Como en todas las demás escenas del camarín, múltiples ángeles y angelotes sobrevuelan la escena entre rayos de luz y un cielo nuboso. De nuevo se recurre a la Leyenda Dorada para reproducir una secuencia en la que José fue elegido entre los distintos pretendientes gracias a una señal, el florecimiento milagroso de su vara[7]. A partir del siglo XVII es habitual que la escena se ubique en el interior del templo, siendo corriente que a María se la represente adolescente y a José de edad madura.
La Anunciación

A partir de este punto las pinturas son escenas canónicas que forman parte del ciclo de la Natividad de Cristo, pero en las que fue esencial el protagonismo de María. En primer lugar aparece la escena de la Anunciación (Lc 1, 26-38), en la que María, con un nimbo muy especial, está arrodillada mientras que el arcángel San Gabriel se dirige a ella desde lo alto, en una secuencia presidida por el Espíritu Santo en forma de paloma y en la que también se representan angelotes, pájaros y un jarrón con lirios blancos[8]. El tratamiento que Labarta hace del tema recoge sólo algunos de los detalles habituales utilizados durante muchos siglos por otros artistas, que recurren a numerosas simbologías y a datos extraídos de los apócrifos[9].
La Visitación

En la secuencia que sigue está pintado el tema de la Visitación de la Virgen María a su prima Santa Isabel. María, que lleva un zurrón colgado del hombro (como referencia al viaje que acaba de realizar) se abraza a su prima Isabel en presencia de ángeles en la parte superior y con la escena anecdótica de una gallina y sus pollitos en la parte inferior. El tema, extraído del Evangelio de San Lucas (Lc 1, 39-56) es muy destacado y ha sido muchas veces reproducido en el arte cristiano, que en la época renacentista muestra a las dos primas dándose un abrazo formal y poco ideológico, como el aquí representado por el pintor Labarta. Esta escena (al igual que las que siguen en los demás muros) en múltiples ocasiones se ha relacionado con las epifanías de Cristo, ya que es el primer reconocimiento de Jesús como Hijo de Dios, puesto que San Juan, tal como relata el evangelista, se alboroza en el vientre de su madre ante su presencia en el seno de María.
El Nacimiento de Jesús

La nueva escena es el Nacimiento de Jesús, en la que Labarta pinta a un ángel que entrega el Niño a la Virgen que se dispone a recogerlo para colocarlo en el pesebre, en presencia de San José y de otros muchos ángeles y angelotes; pero en este caso la escena está presidida por una gran estrella envuelta por un luminoso nimbo que lanza rayos de luz a su alrededor. El tema completo de la Natividad está relatado en el evangelio de San Lucas (Lc 2, 1-21), que no es suficientemente explícito, por lo que el arte lo ha enriquecido con múltiples aportaciones que en la mayoría de los casos tienen su origen en la Edad Media. En cuanto a lo aquí representado, el pesebre es una aportación del propio San Lucas, pero la forma del Nacimiento sigue lo explicado en el capítulo 45 de las Visiones de Santa Brígida[10], (también reflejada en la obra pintada por el cuatrocentista Piero della Francesca) que afirmaba que "cuando le llegó la hora María dobló las rodillas y comenzó a rezar…, estando así, nació súbitamente el niño".
Adoración de los pastores

A continuación se representa la escena de la Adoración de los pastores, que, dada la necesidad de adaptación al marco alargado, obliga al autor a la introducción de algunas variantes, como la ausencia de la secuencia central de los pastores ante el Niño, optando por representar a un séquito de adoradores que portan ofrendas a Jesús, con la ya repetida presencia de ángeles y angelotes y con una referencia al Anuncio del Nacimiento del Hijo de Dios por la presencia de un ángel gesticulante de mayor tamaño. Como en todos los casos, el entorno arquitectónico retrotrae a elementos clasicistas. El tema está extraído del evangelio de San Lucas (Lc 2, 8-20)[11], al que la tradición popular fue añadiendo los regalos que probablemente se inventarían por analogía a los citados en la Adoración de los Magos[12]. Desde una perspectiva iconológica el tema adquirió gran relevancia por ser el primer reconocimiento humano (si exceptuamos la ya comentada Visitación) a la divinidad de Jesucristo[13].
Adoración de los Magos

La última escena, presidida por una estrella, es la Adoración de los Magos, en la que se muestra a la Virgen con el Niño recibiendo los presentes entregados por los magos en presencia de los angelitos, dando a entender que el incienso ya ha sido vertido en un recipiente del que sale el humo. El tema es considerado plenamente epifánico y sobre él se han creado múltiples versiones que han modificado el sentido de lo descrito por San Mateo (Mt 2, 1-12), que hablaba de unos magos, pero no de reyes[14], ni de nombres[15], ni de un número (que se dedujo a partir de las ofrendas), ni de raza[16], pero sí de las ofrendas: oro, incienso y mirra[17].

Textos y fotografías: Manuel Siurana Roglán

NOTAS:
[1] Está previsto que esta capilla se dedique a honrar el recuerdo de los sacerdotes y seminaristas de Canet de Mar pertenecientes a la Congregación de Misioneros del Sagrado Corazón asesinados al principio de la Guerra Civil de 1936, cuya causa está en proceso de beatificación.
[2] El padre Salvador [SALVADOR, E. op. cit.] relata que  Don José Vicente “costeó los gastos de construcción y decorado del Camarín de la Santísima Virgen”.
[3] La introducción de las múltiples figuritas de ángeles en la parte superior de cada una de las escenas que decoran el camarín tiene un objetivo técnico que es compensar la desproporción del espacio pintado, que es excesivamente alto, lo que fuerza a decorar de alguna manera u otra la parte superior. A su vez sirven para conferir a las obras un sentido alegre y divino.
[4] La Inmaculada Concepción se refiere a la concepción de María en el vientre de su madre Ana, pues como la Virgen estaba elegida para ser el recipiente de la Encarnación de Cristo, ella misma debía estar también libre de pecado (de ahí su título de Purísima). Esta idea fue ganando terreno lentamente gracias a los teólogos españoles y el tema fue ampliamente difundido en el arte, aunque hasta el siglo XIX no se declaró artículo de fe. Por la obstinación de la Iglesia de España en lograr ese reconocimiento, el día de la festividad de la Inmaculada Concepción los sacerdotes de nuestro país utilizan el color azul cielo en las celebraciones eucarísticas.
[5] La devoción creciente a la advocación de la Inmaculada Concepción acabó por sustituir el tema aquí descrito.
[6] Según la ley judía, pasados cuarenta días de su nacimiento los neonatos y su madre debían acudir al templo, los primeros para ser presentados y las madres para ser purificadas, para lo que tenían que llevar dos tórtolas, aunque la tradición incorpora velas, como símbolo de la luz, dando lugar a la conversión en fiesta durante los primeros siglos del cristianismo que aún perdura en las celebraciones del día 2 de febrero (40 días después de la Navidad) con la fiesta de la Candelaria.
[7] José porta su vara en todas las pinturas del camarín, aunque sin florecer. En otras imágenes que hemos visto en este templo sí que aparece con la vara florida.
[8] Los lirios son símbolo de la pureza y también de la primavera, ya que la Anunciación se celebra el día 25 de marzo, nueve meses antes de la Navidad.
[9] En el Protoevangelio de Santiago se describe  que María se encuentra hilando la púrpura para el templo de Jerusalén y así es como la representa Leonardo da Vinci. Por su parte Fra Angélico la representa en contraste con la Expulsión del Paraíso, partiendo del texto del Evangelio armenio de la Infancia, 9, en el que se indica que cuando Eva vio la Anunciación exclamó Bendito seas Dios de Israel que me habéis rehabilitado de nuevo y levantado de mi caída y que me habéis reintegrado a mi antigua dignidad, contraponiéndose así la antigua EVA a la nueva AVE.
[10] Santa Brígida de Suecia (1302-1373) fue la fundadora de la Orden del Santísimo Salvador y es Patrona de Europa. Sus visiones tratan sobre temas muy diversos relacionadas con materias tan prosaicas como la limpieza hasta otros relacionados con temas evangélicos, como el de la Natividad.
[11] La representación artística del Anuncio a los pastores es muy antigua y ya la utilizaron los artistas bizantinos, pero la secuencia de la Adoración es relativamente moderna, porque no se conocen ejemplos anteriores al siglo XV.
[12] Es muy frecuente que, entre las figuras representadas, como en la obra pintada por Labarta, aparezca un pastor portando un cordero sobre los hombros, debido a su uso como prefiguración de la parábola del Buen Pastor.
[13] El arte cristiano ha querido plasmar de múltiples formas el tema genérico de las “epifanías previas”, de manera que la primera de ellas sería la Visitación (reconocimiento de Jesús antes de su nacimiento), la segunda sería  la presencia del buey y el asno dando calor en el pesebre (reconocimiento de Jesús por los animales) partiendo de la profecía de Isaías (Is 1, 3) y la tercera sería la Adoración de los pastores (reconocimiento por los humildes).
[14] En muchas obras bizantinas, como en San Apolinar de Rávena, se les representaba sin corona y con gorro frigio (oriental). La identificación de los magos con reyes es muy antigua y se debe al escritor cristiano Tertuliano, que hacia el año 200 les dio esa categoría, basándose en el salmo 72, que anuncia la llegada del rey prometido: “que los reyes de los pueblos lejanos le traigan presentes… que se postren ante él todos los reyes” (Sal 72, 10-11).
[15] Los nombres de los reyes, Melchor, Gaspar y Baltasar, aparecen por primera vez en el apócrifo Evangelio armenio de la infancia (5, 10), escrito en el siglo VI.
[16] En un primer momento, como en muchas obras románicas catalanas, a los reyes se les atribuyó la simbología de representar las tres edades del hombre, pero a finales de la Edad Media se optó por personificar en ellos las tres partes del mundo (Europa, Asia, África) en actitud de rendir homenaje a Jesús y por extensión de someter el poder temporal al poder espiritual.
[17] Los regalos ofrecidos por los magos adquirieron un sentido simbólico, ya que el oro representa el homenaje a la realeza de Jesús, el incienso es un homenaje a su divinidad y la mirra (que se utilizaba para embalsamar) significa una prefiguración de su muerte en la cruz.